martes, 6 de octubre de 2009

jueves, 20 de agosto de 2009

hoy

me desperté unos minutos antes de que suene el despertador, preparé café, me duché y decidí no afeitarme.

planché una camisa, leí los titualres de los diarios mientras desayunaba, me vestí y salí a la calle.

afuera la luz era extraña y mucho movimiento de gente (algo inusual a esa hora).

en el banco de abajo estaba sentada una vecina con su habitual inexpresión abanicándose mecánicamente.

el bar de la esquina tenía las mesas con gente desayunando, y suele estar cerrado.

al ver el el movimiento del tráfico supuse que eran al menos las 10 de la mañana, pero el sol no estaba muy alto.

me pregunté como iba a explicar este despiste, y pensé en llamar inventando una historia con voz de moribundo.

seguí andando unos metros sin saber muy bien que era lo más conveniente dadas las circunstancias.

no recordaba haber hablado con vos,

y de pronto entendí: eras las 19,30 y no las 7,30.

martes, 2 de junio de 2009

reflexiones innecesarias

El tema del avión de Air France genera sensaciones diversas según te afecte o creas que te afecte, que a la hora de decir boludeces es lo mismo.

en estos casos, más allá de la tragedia que es lo obvio, están los detalles.

el azar es extraño, sino que se lo cuenten a las dos personas que perdieron el avión y gracias a eso ganaron la vida.

los premios de la loteria y los accidentes aéreos, están en ambas puntas de la suerte y la mala suerte.

hablar del destino me parece excesivo.

viajo en avión varias veces al año, y los vuelos suelen ser rutinarios con pequeñas molestias, de espacio insuficiente, de pésima comida, de pasajeros maleducados, de controles en aeropuertos y poco más.

.

pero dos veces con más de 20 años de diferencia, pensé que el avión se caería.

la primera era muy joven, y me tomé la tormenta eléctrica que movía el avión como un juguete en todas las direcciones con cierto humor.

caían los equipajes, algunos gritaban, y como se sabe, tanto la euforia como el miedo puen ser más contagiosos que el bostezo.

yo seguía en mi inconsciencia haciendo bromas hasta que un tipo que viajaba con su familia (3 filas detrás) tuvo un infarto fulminante.

como había un médico lo atendió como pudo, pero no logró salvarlo.

lo dejaron sentado cubierto con una manta desde la cabeza hasta los pies.

el avión seguía sin poder aterrizar por la tormenta y después de unas horas interminables llegamos, con la imagen horrible del pobre tipo y su familia.

.

y hace 3 años un viaje a Baires que ya comenzó mal.

en un vuelo que debía salir a las 12 de la noche, después de despachar el equipaje y estar todos los pasajeros en pre-embarque nos dicen que el avión no salió de Buenos Aires por una avería.

pero que llegaría a la mañana siguiente, porque ya estaban solucionando el problema.

así que hotel y madrugón con mal humor, y preocupación ya que el avión seguía demorado y según nos dijeron había tiempo para limpiarlo y cargar combustible en Madrid y salir otra vez para Baires.

con esos datos ya uno sube con cierta desconfianza.

el vuelo diurno fue monótono y aburrido, pero ahí estaba esperando otra tormenta eléctrica para recibirnos.

cuando faltaba una hora para llegar empezaron las turbulencias.

se pasa de tranquilo a preocupado, de ahí a nervioso y de ahí a sentir miedo.

nientras abajo se veían pequeñas lucecitas más allá de la tormenta, por dentro era un caos.

el avión parecía de papel, por momentos parecía que estaba fuera de control, apagaban las luces lo que aumentaba la angustia, y por momentos tampoco se oían los motores.

giraba hacia la izquierda y a la derecha como si estuviera borracho.

nos acercabamos a tierra y volvíamos a levantar vuelo como tropezando, así infinidad de veces.

a veces parecía que estábamos en caida libre, y de pronto recuperabamos altura a los saltos.

yo me preguntaba si caeríamos en agua o en la tierra.

en ese momento revisás mentalmente todas las instrucciones del inicio del vuelo, desde la utilización de la mascarilla hasta la localización de las salidas de emeregencia.

mientras intentaba terminar el libro que estaba leyendo para distrarme de los pensamientos oscuros.

pero no podía dejar de pensar que mi familia estaba esperándome en Ezeiza y que desagragadable sería estrellarse tan cerca.

por más que uno intente estar frío, por dentro hay también una tormenta.

era natural preguntarse si el avión había sido reparado y revisado bien.

pero a esa altura (nunca mejor dicho) ya no se puede hacer nada.

estás completamente indefenso, sólo querés que el vuelo aterrice de una vez.

al fin, cuando eso sucede todo el cuerpo se relaja y te abrazás con tu flia como si llegaras de otro mundo.

lo absurdo es que decís "por fin en tierra firme", cuando en realidad el planeta que pisás es una bolita insignificante que gira en el espacio.

buen viaje.

lunes, 4 de mayo de 2009

jueves, 12 de febrero de 2009

domingo, 11 de enero de 2009